miércoles, 31 de octubre de 2012

"Chica gorda"




Sí, así de directo, sin eufemismos.


Uno de los establecimientos que más visito en Palo Alto es el CVS Pharmacy. Efectivamente, es una farmacia, pero también una gran superficie en la que puedes comprar cosmética, productos de higiene y limpieza, cuadernos y comida de supervivencia. ¡Ah! Y tabaco, con ofertas que hacen que la cajetilla de Camel nos cueste lo mismo o incluso menos que en España. Fue allí donde descubrí una línea de productos corporales de la marca Bliss, que se llaman Fat Girl (Chica Gorda). Con ese nombre terrorífico hacen juego de palabras para sus diferentes productos. Uno que me gusta especialmente es el aparentemente contradictorio FatGirlSlim (Chica Gorda Delgada), de una crema para tratar la celulitis.
 
 
 
 
 
¿Pero puede haber mujeres que compran estos productos? ¿Mujeres a las que se está insultando de forma tan clara? Yo propongo que busquen aumentar su mercado con nombres más agresivos, del tipo 'crema anticelulítica milagrosa para focas sebosas'. Y en el apartado de cosmética facial, podrían hacer una 'loción regenerante para feas con ganas' o una 'hidratante antiarrugas para viejas con cara de ciruela-pasa'. Quizá debería guardarme estas ideas para mí, alquilar un garaje y hacerme de oro a costa de las inseguridades de otras mujeres.
 
 
Y aunque pueda pareceros difícil de creer, estos no son los únicos productos de este tipo. Existe incluso una marca entera de cosmética con un nombre parecido pero más sutil: Skinny Girl. Si la primera se dirige a las mujeres valiéndose de sus complejos, esta juega con sus aspiraciones. No sé si se aprecia bien en la foto, pero la imagen de la marca es una muñequita delgadísima y muy chic. Una cosa monísima.
 
 
Me recuerda un poco al artículo que leí ayer en Adiós Barbie sobre la adaptación que han hecho los grandes almacenes Barney's de la mítica Minnie Mouse. El director creativo de la firma, David Freedman, tuvo esta idea porque, según él, cuando llegaron al momento en el que todos los personajes de Disney tenían que subirse a la pasarela, hubo una discusión. "La Minnie Mouse estandar no estará muy favorecida con un vestido de Lanvin". Bueno, bueno... ahora resulta que hasta nuestra ratita más famosa es una 'fat girl'. ¿Y qué podemos hacer con ella? Pues convertirla lo antes posible en una 'skinny girl'. Y todos tan contentos. Efectivamente, el vestido le sienta ideal, pero yo personalmente me quedo con la Minnie de siempre, la de la cara redondita. ¡Fijáos además en cómo ha perdido la sonrisa cuando le han quitado los kilos!
 
 
 
 
 
Y si de nuevo creéis que no puede haber nada más fuerte, no estáis pensando con la mentalidad californiana. La marca Skinny Girl, además de productos de belleza para chicas flacas, tiene su propio vino. Dudo que tengan viñedos en Napa o Sonoma, pero sí que venden botellas de la marca, con la misma chica delgadísima en la etiqueta y las calorías indicadas en la parte delantera, donde mejor se vea. Porque las chicas flacas también pueden permitirse beber alcohol, y una copa de vino siempre te hace más chic, pero si estás gordita y quieres ser como la Minnie de Barney's, el vino, of course, sólo si es bajo en calorías.
 
 
He entrado en la página de estos productos, y me ha dado miedo de verdad. Lo que dicen es que quieren que "experimentemos nuestra mejor manera de ser nosotras mismas, nuestro Skinnygirl!!!!". Así lo dicen, con exclamaciones. ¿Y qué es para ellos una Skinny Girl? Pues una mujer "amorosa, divertida y segura de sí misma, que considera su cuerpo un tesoro y busca el bienestar de forma natural". Su misión es conseguir que todas seamos así. Y lo hacen con cocktails y botellas de vino bajas en calorías, para que, además de sentirnos mal por ser como somos -gordas, delgadas, altas, bajitas, pelirrojas, morenas,...-, al día siguiente tengamos una resaca inmunda y prometamos al mundo que nunca, nunca, nunca, nunca más vamos a volver a beber.
 
 

Haciendo amigos



¡Qué difícil es hacer amistades por aquí! Quiero decir, que sí, que son todos muy friendly, ya lo sabéis, pero pasar de eso es un suplicio. Pero no es que no quieran ser amigos nuestros (faltaría más). Es que, simplemente, no se lleva. Estamos en la tierra del 'dating' (que os sonará por montones de series y películas, y en lo que prometo profundizar en una próxima entrada). Aquí la vida va un poco como diría aquél: te quiero Andrés por el interés. Yo no me llamo Andrés (por el momento) y puedo estar orgullosa de haber encontrado gente fantástica (poca) con la que compartir el día a día en mi nuevo hogar. Pero no te lo pueden poner más difícil.
 
 
Hablaba hace unos días con una mujer americana sobre esta cuestión, y ella me lo confirmaba. "Aquí no salimos con amigos. Podemos quedar para tomar un café o unas copas, pero es algo puntual, es una cita". Y yo lo necesito. De todo los que me conocen es sabida mi afición por charlar (vale, hablar por los codos también vale), compartir momentos, reirme, ofuscarme, divagar... Aquí hablan basicamente del trabajo, o del partido de beisbol, pero muy poco -si no nada- de sí mismos. Eso no es friendly. Y me remite directamente a películas como Happiness, American Beauty y tantas otras. Tantas cosas que esconder... tanto vivir de cara a la galería... eso nunca puede ser bueno.
 
 
Pero aquí somos unos bichos raros. Casi cada día en el mismo local, las mismas personas, riendo y hablando acaloradamente. Mis adoradas camareras orientales nos lo dicen, que somos sus clientes favoritos. Y no creo que sea sólo por el dinero que nos dejamos aquí. Diría que es la buena onda que transmitimos. Se nota que nos queremos, que nos gustamos, que estamos desarrollando una verdadera amistad, y eso no lo he viso practicamente nunca por estos lares.
 
 
He conocido infinidad de personas desde que estoy aquí. Nada comparable al resto de lugares en los que he vivido. Pero la cosa nunca prospera. Porque ellos lo viven así: hoy estamos bien, nos divertimos y mañana no nos acordaremos. ¿Será porque no soportan perder el control y no quieren tener cerca a nadie que pueda recordárselo? En fin, que por aquí habrá cosas geniales (que las hay) pero sobre la amistad, sinceramente, no pueden enseñarnos nada de nada. No en vano, en nuestro grupo hay sólo una norteamericana, y ella también está asustada con la superficialidad de las relaciones en la costa oeste. Una vez más, amigas y amigos, os echo muchísimo de menos, Aquí seríamos muy grandes.
 
 

lunes, 29 de octubre de 2012

Dependiente 'Superstar'

 
 
No me resisto. Sé que este no es mi refugio para poner a parir a la gente escudada en el 'encanto' que da lo del blog. Lo sé. Pero me supera. Y como hace unos días hablé de algunas cosas bonitas (aunque también acabé criticando, I know), hoy me permito utilizar este espacio para poner a parir a los/las dependientes/as de las tiendas de ropa de por aquí.
 
 
Estoy en San Francisco, tomándome una cervecita (Modelo Especial por $3, Happy Hour) mientras hago tiempo para la hora del tren de regreso a casa. He venido esta mañana con un objetivo muy claro: abrigarme. Empieza el frío y con eso del tope de kilos de equipaje no pude traerme ropa de invierno, así que había que comprar algo, y por supuesto no en Palo Alto. He venido decidida a llevarme todo lo necesario para los próximos meses por un precio razonable.  
 
 
Y sí, he comprado, y llevo una bolsa gigante y todo eso. Estoy contenta. ¿Pero la felicidad de haber encontrado lo que buscaba compensa el aguante que hay que tener para no saltar por encima del mostrador y agarrar del cuello al dependiente/a de turno?
 
 
Hay una pregunta que solía venirme a la mente cuando iba de tiendas en Donosti, en Barcelona, en Madrid... ¿Por qué los dependientes/as de algunas tiendas te miran por encima del hombro? ¿Por qué parece que flotan y se rien a carcajadas con el resto de dependientes/as y cuando se dirigen a ti ponen cara de perro? Supongo que su familia ya se lo habrá dicho, pero me permito recordarles que la tienda NO es suya, que son simples empleados a los que pueden despedir cuando les salga del mismísimo. Y entonces podrán trabajar en un Starbucks, por ejemplo. ¿También me mirarás entonces con desdén porque tú, y sólo tú, sabes lo que lleva el Long Moka Latte?
 
 
Ya os comenté que los pasos en la tiendas suelen ser los siguientes: ¿Has encontrado todo sin problema? ¿Qué tal tu día? ¿Necesitas una bolsa? Y yo lo aguanto. Pero si me lo dicen con cariño. Si vas a soltarme todo eso como si fueras Ethan Hawke en Reality Bites, AHÓRRATELO. Dime cuánto es y punto pelota.
 
 
Y luego están los que te van cobrando y te dicen: "Este jersey es ideal, porque combina con todo. Puedes llevarlo con tonos pastel pero si le metes un negro te da un toque rock estupendo..." ¿Te he preguntado? ¿Acaso eres mi estilista? Mucho concursante frustrado de Project Runway.
 
 
Y yo me pregunto si cuesta tanto seguir siendo sencillo cuando entras a trabajar en una cadena de ropa cool. Me sorprende el efecto que puede tener en ti el sentirte parte de una empresa que imita a las grandes firmas de moda a precios muy razonables porque la mayor parte de su personal está en China trabajando como idem. Esa pose de Kurt Kobain seguro que cuesta mucho más que ser natural, agradable. Y desde luego no te da propinas.
 
 
¿Qué pasa, entonces? ¿Será que tienen premios al empleado más cool del mes? No al mejor, sino al más guay, al que más mole, al que más cara de disgusto ponga al cobrar y recitar sus frases aprendidas. Lamentablemente, voy a tener que volver a aguantarlo cuando toque comprar para la temporada de primavera-verano. Para entonces, espero haber perfeccionado mi cara de profundo asco cuando les digo que prefiero el recibo impreso que on line. Igual así hasta me gano una sonrisa.
 
 

Pon un científico en tu vida



En el tiempo que llevo aquí, y en los posts que he escrito hasta ahora, siempre he tenido un fiel compañero de aventuras, con el que he compartido los momentos y las emociones que me han dado la inspiración para escribir. Una especie de Sancho Panza, aunque sé que pondrá pegas al símil que he escogido. Es el Científico. Él me dio la oportunidad de venir aquí y descubrir este Nuevo Mundo. Y es el mejor apoyo que podría haber tenido. Porque marcharse a vivir a un lugar nuevo siempre es costoso, pero esta sociedad es -al menos para mí- especialmente difícil. Y la verdad es que las personas que han llegado solas deberían tener también un científico a su lado para hacérselo más fácil. Podría planteárselo a mi amigo el alcalde: "Ponga un científico en su vida". Le daría votos.


Estaréis pensando que también tiene sus incomodidades, y es cierto. El estrés al que está sometido, las eternas jornadas laborales, la imposibilidad de desconectar de un trabajo que le apasiona... y sobre todo, las células. Porque resulta que las células con las que trabaja el Científico necesitan ser alimentadas a diario. Antes de llegar, en un alarde de optimismo, creí que, llegado el momento, sería capaz de hacer que vinieran a comer a casa los fines de semana. O al menos los domingos, como en cualquier familia de bien. Craso error. Estas células no tienen la capacidad de transportarse por sí mismas (ni siquiera con el Margarita, que ya les dije que es gratuito!), así que hay que ir a su casa para darles de comer. Y son exigentes. No en plan californiano, de comida orgánica y vegana, pero sí 'especialitas' en los compuestos que necesitan. Porque si nos les das las dosis justas, se diferencian (y no me preguntéis por qué, pero eso es malo). Así que el Científico va a visitarlas también el sábado y el domingo, como se hace con los abuelos cuando ya están mayores. Por ahora no le dan la paga, pero todo llegará.
 
 
Esas son las pequeñas pegas, como decía, pero las ventajas son inifinitas. Por ejemplo, cuando tengo un cambio de humor brusco, me dice que en realidad no es mi culpa, que resulta que tengo un cocktail de hormonas en mi cuerpo superior a la media. Que tengo "hormonas mutantes", responsables también del indescifrable color de mis ojos. Y si no lo piensas demasiado, que te digan eso tranquiliza.
 
 
El Científico es mentalmente muy fuerte, pero a él también le está costando adaptarse a California. El primer día que vio la lluvia, después de más de dos meses de sol ininterrumpido, salió a la calle feliz y estuvo allí durante mucho rato, empapado, con la sonrisa de un niño, ajeno a que todos los que pasaban le miraban como si fuera Nell, la chica salvaje. Y aunque se queja de que aquí los árboles están plantados en macetas, ha encontrado todos los setales que hay en el campus de Stanford y suele ir a controlarlos, para ver cómo crecen. Sabe que nunca será lo mismo que en casa, pero le pone mucho empeño.
 
 
Con el Científico me río a carcajadas, puedo hablar hasta de la reconversión de la máquina de herramienta, y juntos vamos a la búsqueda de comida y bebida gratis a lo largo de toda la Bahía. Aunque tengamos que lidiar con montones dificultades, ambos sabemos que somos unos privilegiados por poder vivir una experiencia tan fascinante como ésta, contando siempre el uno con el otro.
 
 

viernes, 26 de octubre de 2012

El pecado del amor

 
 
Un obispo de la iglesia episcopal. Estos obispos no tienen voto de celibato. Pueden tener parejas, casarse, formar una familia... ¿Pero qué pasa si eres obispo y la persona a la que amas es de tu mismo sexo? Es el leitmotiv del documental Love free or die, que tuve ocasión de ver hace unos días en el UNAFF Festival. Gene Robinson, obispo de New Hampshire, tuvo la valentía de decir que el hombre con el que comparte su vida desde hace veinte años es su pareja. Ni su compañero de piso, ni su primo lejano. Su pareja.
 
 
Y podéis imaginaros las consecuencias de esa 'tremenda confesión'. Lo han amenazado de muerte. Le prohibieron asistir a una convención de la Iglesia Anglicana en Londres, e incluso pusieron un cartel con su foto para que no se colase en la convención, cosa que él encontró realmente "estúpida". Todo el documental, desde los créditos de inicio hasta el final, merece absolutamente la pena, pero hay secuencias realmentee impactantes  y dolorosas. Como esa en la que le invitan a oficiar una misa en Londres, en protesta por la actitud de su congregación con respecto a su opción sexual, y en la que un tipo enloquecido empieza a gritarle barbaridades desde la bancada. Momentos después, Gene llora. La presión es insoportable. Pero también hay imágenes esperanzadoras. Muchos miembros de su congregación lo respetan, admiran su trabajo y no se cuestionan el sexo de la persona que comparte su vida privada.  
 
 
¿Y de dónde viene ese mal uso de las enseñanzas de Jesús? ¿Que dijo que la relación amorosa o sexual entre dos hombres o dos mujeres es abominable? ¡Anda ya! No he sido educada como cristiana, y tampoco me identifico con ello, pero en mi vida he hablado con mucha gente. Y la mayoría me habla de un Dios que nos quiere de igual manera, seamos como seamos y de la condición que seamos. ¿Y por qué entonces algunos sectores de la Iglesia se han adjudicado el poder de vetar? ¿De decir lo que está bien y lo que está mal? La idea de Jesús, como yo la entiendo (y perdonadme porque soy una completa ignorante en estas cuestiones) es la de un hombre adelantado a su tiempo, un líder, un pensador, un luchador por los derechos humanos. Y sobre todo, alguien que predica el amor. Y por lo que yo he podido ver en el documental, Gene y Mark, por encima de cualquier otra cosa, son dos personas que se aman. ¿Acaso hay algo más importante que eso?

miércoles, 24 de octubre de 2012

El perdón



¿Por qué, a veces, es tan difícil perdonar? Si sabemos que el perdón nos hace libres.
 
 
Esta mañana caaminaba por Palo Alto probando mi nuevo móvil de la manzanita, y en el Spotify, no me preguntéis cómo, ha empezado a sonar una canción que hace mucho tiempo que no escuchaba. De repente, he tenido que pararme y respirar. Me ha traido tantos recuerdos a la mente... Buenos y malos, no sabría decir si más de los unos que de los otros. Pero después de alborozo inicial, me he ido relajando a medida que escuchaba, hasta sentirme tranquila. En paz. La canción me hablaba de una parte de mi vida a la que me cuesta volver. Pero esta vez ha sido más fácil. Y he escuchado los últimos acordes con una sonrisa en la cara. Porque he perdonado.


Esta es la canción. Con un vídeo un tanto ful, pero por si os interesa escucharla.  
 
 
 
Lo jodido -perdonadme la expresión- es que sólo somos capaces de perdonar de verdad cuando estamos bien, cuando nos sentimos bien con nosotros mismos. Y es la pescadilla que se muerde la cola, porque sobrellevar una traición, un desengaño, y no pasarlo mal por lo ocurrido es imposible, así que no hay perdón que valga. Pero hoy he descubierto que sólo hay que tener paciencia. Dejar que la vida nos lleve, seguir siendo fieles a lo que somos, a aquello en lo que creemos. Y entonces, un día, de repente, sin esperarlo, el perdón llegará.
 
 
Tengo una amiga aquí a la que admiro profundamente por su asombrosa capacidad de ver algo bueno en cada persona, incluso en aquellas que la hieren. Ella me ha hecho pensar. Supongo que sus impresiones no han caído en saco roto y por eso hoy, de forma inesperada, he comprendido a alguien a quien nunca le había dado una oportunidad. Y ya lo dice REM: todo el mundo hace daño en alguna ocasión. Todos lo hemos hecho, a todos nos lo han hecho. ¿Y quiere eso decir que todos somos malas personas? ¿O simplemente que nos podemos equivocar? 

martes, 23 de octubre de 2012

Tener o no tener (un iPhone); esa es la cuestión



Me siento sucia. Han sido meses de fuerte lucha interior, pero al final he sucumbido. Me he comprado un iPhone. Ya soy una más en esta ciudad de fanáticos de la manzana. Ha sido esta mañana, hace ya  unas cuantas horas, pero todavía estoy temblando. ¿Y realmente lo necesitaba? Por supuesto que no. Nunca he tenido un teléfono con internet, y he vivido de lo más tranquila. Cuando llegué a California, sin embargo, tenía la idea de que me vendría bien comprarlo para poder hablar con mi gente de forma más cómoda (no nos olvidemos de que tengo nueve horas de diferencia horaria con la familia, y los tiempos para hablar no siempre concuerdan). Pero entonces no tenía casa (y lo que me iba a costar encontrar una...), así que imposible tener un móvil con contrato. Me compré una especie de teléfono de plástico, que por no tener no tenía ni cámara. Perfecto. Lo justo y necesario para estar localizable. Pero resulta que en Estados Unidos las compañías te cobran por hacer llamadas pero también por recibirlas, y lo mismo con los mensajes. Así que ese ridículo aparato se convirtió en una especie de teléfono rojo, que sólo podría utilizar en caso de emergencia.
 
 
Y un día lo perdí. Aprendí a vivir como hace unos años, y comprobé que se puede. Creedme. Basta con que te acuerdes de ponerte un reloj cada día para no sentirte completamente fuera del mundo. Incluso llegué a tomármelo como un elemento distintivo en este lugar en el que la gente parece tener el teléfono pegado a la palma de su mano. Y en los trayectos de autobús, disfrutaba del paisaje. Y no me tropezaba cuando caminaba por la calle. Estaba feliz y liberada, aunque sabía que si me ocurría algo tendría que hacer señales de humo o tocar el tam tam.  
 
 
Fue cuando empecé a trabajar como voluntaria en el festival de cine cuando ví que no todo era perfecto. Nos pidieron nuestros números de teléfono para tenernos localizados en nuestro turno, y claro, yo dejé el espacio en blanco. ¿Y teléfono de contacto, de casa, para cualquier cosa? Pues va a serr que no. Si los voluntarios necesitábamos algo también teníamos que contactar con las responsables vía telefónica (ahí fue cuando pensé en el tam tam). Empecé a plantearme seriamente lo de hacerme con un teléfono, pero uno con el que no tuviera que pagar por las llamadas recibidas. Y ahí estaba él. Esperándome confiado. Sabía que no podría pasar mucho tiempo aquí sin acabar tirándome a sus brazos. He aguantado cerca de tres meses. Pero tengo que admitir que ha podido conmigo.
 
 
La imagen de la vergüenza
Y cuando lo he visto... es tan bonito... Incluso la caja en la que venía, con esos cascos blancos, y el cargador, y el cable USB... Me ha hecho sentir poderosa. De repente, puedo hablar por teléfono, y no sólo eso. También puedo descargar miles de aplicaciones a cada cual más absurda. ¡Pero es todo tan fácil de hacer! Hace unos días leí que una medium decía que Steve Jobs está pasándolo muy mal después de su muerte. Normal, porque le corroe la conciencia. Se ha hecho de oro vendiéndonos un aparato que no sabemos controlar pero que nos parece que somos capaces de dominar sólo con un click. Y puedo tener el Facebook, y puedo bajarme el Spotify, y puedo saber el tiempo que hará mañana en Tegucigalpa... vale, no puedo cambiar la batería, ¿pero qué importa? Estoy en el reino de Apple, y he dado un paso más hacia ellos. Sigo manteniendo con absoluta fidelidad el mp3 de Sony con mi nombre grabado en la parte trasera (maravilloso regalo del hombre sabio), pero nunca se sabe. Sólo os pido una cosa. Sed mis amigos y, si me queréis de verdad, evitadlo, no dejéis que me convierta.