miércoles, 20 de febrero de 2013

De mudanza



Ya de vuelta por tierras californianas después de unas semanas muy intensas en Europa. Y ahora que queda tan poco para que llegue una nueva estación, es un momento idóneo para los cambios. La ropa de invierno por algo más ligero, de los colores más apagados a las tonalidades más alegres de la paleta, cambio de las flores de los jarrones de casa (¡adoro las margaritas en primavera!), y todo lo que se os ocurra que pueda daros la sensación de empezar de nuevo y con más ganas.

Y como este blog no podía ser menos, también empieza de nuevo, con imagen renovada y nueva dirección, pero con el mismo espíritu. Y es que a partir de ahora podréis seguir las Daily Tales en la edición digital del Diario Vasco. Una nueva etapa que empieza cargada de ilusión y con la esperanza de que sigáis leyendo con gusto mis historias y reflexiones.

Ya está publicada la primera entrada, que pretende ser algo así como un '¡¿Qué pasó?!' para quienes ya leéis el blog, y un '¡Bienvenidos!' para los que se incorporan.

Este es el enlace: http://blogs.diariovasco.com/poncho-verde/2013/02/21/ya-es-primavera-en-palo-alto/


Como siempre, muchas gracias por las lecturas, y os espero en mi 'primavera' particular.

Cheers!

lunes, 28 de enero de 2013

Cerrado por 'tradiciones'



Os he tenido muy abandonados esta semana, pero ha sido por razones de peso. Concretamente, un largo viaje a tierras vascas y una todavía más larga celebración de nuestra fiesta mayor. Luego llegó el momento (inevitable) del bajón. Porque semejante excitación no puede prolongarse por más de unos pocos días. Y no dió paso a la normalidad sino al agotamiento.


Hay gente a la que no le afecta en absoluto esto del jet lag. Afortunados ellos. A las personas como yo, no sólo nos afecta. Nos desestabiliza tanto que no sabemos ni quiénes somos, dónde estamos, a dónde vamos... Yo necesito orden y concierto, y el cambio horario es como una sesión de jazz free.


El clima tampoco está siendo de gran ayuda. Porque cuando lo único qe te apetece es tumbarte en la cama con una mantita y dormir durante horas, y miras por la ventana y ves cómo pasan vacas volando y el cielo está más negro que el de Mordor, da pereza.


Pero ya está bien de quejarse, diréis. Y tenéis razón. Los reencuentros han sido estupendos, como tienen que ser: como si te hubieras visto el día anterior. Como si nada hubiera cambiado. Y eso, unido a esos tambores y barriles que iban sonando por las calles de la ciudad, y a los buenos caldos de la tierra... pues difícilmente mejorable. Sólo la falta del Científico -que ha tenido que quedarse cuidando de las células- está empañanado esta vuelta maravillosa.


Por cierto, con respecto al tema de la Tanborrada (con 'n', porque lo escribo en euskera) -una fiesta tan nuestra que a veces es complicado que quien no sea donostiarra la pueda entender-, hay una persona que escribe rematadamente bien y que ha tratado de acercar a los no iniciados la emoción que puede llegar a transmitirnos. Es la Artista, y nadie mejor que ella para explicarlo, aquí.


Os recomiendo encarecidamente que leáis su texto y, junto con la recomendación, aprovecho para deciros que seguiremos cerrados por vacaciones durante unos días, porque las Daily Tales no funcionan igual fuera de contexto. Además, siguiendo con las tradiciones propias, ahora me toca salir a darle a la sartén en el día de los Caldereros, que vienen 'de la Hungría' y que cantan las más bellas canciones de nuestras fiestas. ¡Si es que no hay como irse fuera para enarmorarse de lo propio!


Pero a mediados de febrero volveremos con más fuerza (otra vez con jet lag, aunque esta vez de vuelta) y con nuevas historias que contar. Deseadme suerte en el control del aeropuerto, suerte para poder echar una cabezadita en el avión, para que las pelis sean buenas,... en fin, que habrá mucho que contar cuando vuelva. 


Hasta entonces... ¡Intentemos ser felices! 


viernes, 18 de enero de 2013

Rehabilitarse en las calles

 
 
El Dowtown Strets Team se creó en Palo Alto en 2005. Los responsables de la ciudad se dieron cuenta de que había una acumulación de basura en el centro y una gran  población de personas sin hogar que solo pasaban el día en las calles. Así que desarrollaron un modelo de empleo para la gente sin hogar, basado en la limpieza de las calles. Desde entonces, el modelo ha crecido para generar nuevas tareas tales como el arreglo de parques y jardines o la limpieza de garajes de la ciudad, entre otros.
 
Cuando entran en el grupo, los participantes pueden hacer labores de voluntariado hasta veinte horas a la semana, y a cambio consiguen cupones que pueden utilizar para obtener comida, alojamiento, transporte y demás. Después de 30 días de prueba, las personas voluntarias pueden participar en un programa de inserción laboral que les ayudará en su búsqueda de un trabajo estable y remunerado.


Desde que el programa se puso en marcha, en 2005, más de 100 personas han encontrado trabajo y otras 100 tienen una residencia permanente. El Downtown Streets Team también ha ayudado a otras comunidades a implementar un modelo tan innovador como este: San José, Gilroy o Daytona Beach, entre otros.


Aquí os dejo las declaraciones de la dueña de mi librería favorita de Palo Alto (la de las lesbianas feministas), que parece estar de lo más contenta con el programa.  
 

En estos meses, cuando veía a esas personas dándolo todo con la escoba y el recogedor, he tenido que escuchar cosas como que los voluntarios son asesinos, ladrones o drogadictos. ¿Y? ¿Algún problema? Como dirían Faemino y Cansado -y permitidme la frivolidad-: mejor estar aquí que delinquiendo.
 
 

miércoles, 16 de enero de 2013

Strangers in the night

 
 
A veces me pregunto por qué soy así. Por qué no sé parar cuando tengo delante a una persona muy peculiar, potencialmente peligrosa, que a los tres segundos de conocerme ya me  cuenta su vida. Supongo que es por mi curiosidad insaciable, y porque siempre siento que sacaré algo de provecho -nada material, se entiende, sólo más conocimientos-. Y es que te lo ponen tan difícil... Esta tarde estaba en un bar tratando de escribir el post de hoy, cuando un tipo de mi edad se ha sentado cerca de mí. Lo sabía, lo notaba, así que he tratado de no levantar la cabeza del cuaderno. Pero me ha preguntado la hora y esa ha sido mi perdición. En cuanto le he respondido, ha llegado la pregunta habitual: "¿De dónde eres?". Sí, es cierto, se me nota mucho el acento, qué le voy a hacer. Sé que cuando doy esa información estoy perdida, porque eso va a llevar a un "¡Oh!" y luego a un "Me encanta España, me encanta el País Vasco, nunca he estado, ándale ándale", y de ahí a la imposibilidad de huir.
 
En el caso de hoy he sentido incluso miedo. Era un chico joven, de 27 años, que en el primer instante me ha informado de que provenía del Reino Unido pero había sido concebido in vitro y a los tres días de nacer lo habían traído a Estados Unidos con su nueva familia. Vale. Resulta que su familia es de todo menos modélica: su padre coleccionaba pornografía infantil, igual que su hermano, y su madre era una alcohólica. Bien. Él dice no parecerse en nada a sus familiares pero ha vivido un pasado enganchado a la cocaína, el cristal y la heroína. Eso sí, no bebe porque es malo para la salud. También ha estado casado con una mujer colombiana, y tiene cuatro hijos repartidos por los Estados Unidos, a los que no ve porque "ya sabes cómo son las mujeres". Pero ahora es muy feliz porque ha dejado las drogas y es abogado. Y como buen abogado que es, sabe a ciencia cierta "quién miente y quién no". Perfecto.
 
 
Obama no le gusta porque dice que 'nuestro' presidente "odia a las personas con discapacidad". Ojiplática. Que por eso votó a Romney, pero que en realidad no le interesa la política. Y que es posible que lo de la sanidad pública esté bien, pero que como él nunca se pone enfermo, no le importa. Lo que sí le importa -y mucho- son las mujeres: las mexicanas son maravillosas pero siempre tienen que estar con muchos hombres a la vez; las indias mienten y no te dicen que están casadas cuando tienen relaciones contigo; las rusas son increíbles porque parecen princesas de hielo... y así, hasta el infinito. ¿Qué por qué no me he levantado y le he tirado la copa de vino encima? Porque me interesa escuchar. O, si queréis, porque me va la marcha.
 
 
También se ha puesto profundo y me ha dicho qeu él es Batman y Obama es el malo de la peli, y su familia está confabulada con él. Eso, sin dejar de destacar que el hecho de que llevara un plumífero le hacía parecerse a Javier Bardem. Estaba muy contento porque ha conocido a una chica por internet que se iba de viaje, igual que yo -qué casualidad-, y siente que con ella va a tener una nueva oportunidad en la vida. Podéis pensar lo que queráis, pero yo me alegraré por él si la cosa les va bien. Es verdad que he ido mirando hacia atrás disimuladamente mientras volvía a casa, porque su obsesión con la necesidad de tener a Dios en nuestras vidas y erradicar el vicio me han dado mala espina. Pero no ha pasado nada, ni pasará. Es sólo gente que se encuentra sola en este país gigantesco con un individualismo inusitado. Y poder encontrarse con alguien que, aunque sea durante media hora, les escuche y trate de comprenderles, les hace la vida un poquito más fácil. ¿Y quién soy yo para negarles ese alivio?

martes, 15 de enero de 2013

El conquistador del lago



El Lago Tahoe tiene una población de 65.000 habitantes, pero cada año recibe la friolera de tres millones de visitantes. Todo tipo de deportes acuáticos en verano y esquí (y derivados) en invierno en un lugar en el que el sol brilla 274 días al año. E lago es tan gigantesco que -perdonad mi ignorancia- parece que estás viendo el mar. Su circunferencia total es de 72 millas (aproximadamente 116 kilómetros), y tiene unos 500 metros de profundidad. Por si no lo sabíais, 2/3 del lago están en California y un 1/3 pertenece al estado de Nevada (el de los casinos, sí).
 
 
Hace unos 10.000 años -que se dice pronto-, los indios Washoe fueron habitantes regulares del lago durante los veranos, porque encontraron en su belleza un valor espiritual (no me extraña). Ellos nombraron el lugar como 'Dao w a ga' (el borde del lago). Pero cuando llegaron los pioneros, con esto de que no eran muy buenos en la pronunciación, lo llamaban 'Da ow', y de ahí en un inesperado doble salto mortal, pasaron a llamarlo Tahoe. En 1945, Lake Tahoe pasó a ser el nombre oficial de esta maravilla de la naturaleza. ¡Qué dirían los primeros Washoe si se enteraran! Por cierto, que desde que en 1978 se fundara la Washoe Hunting and Fishing Commission, sus descendientes se encargan de regular la caza y la pesca y proteger los recursos naturales para conservar el hábitat natural de la zona.
 
 
A finales del siglo XIX, gracias a las nuevas infraestructuras de transporte, el Lago Tahoe se convirtió en un lugar popular para las vacaciones entre la población adinerada de San Francisco. En 1927 se abrió el primer casino de la zona, del que también fue dueño, en los años 60, Frank Sinatra. Por él pasaron habitualmente estrellas de la talla de (quería utilizar esta expresión) Dean Martin, Sammy Davis Jr. o Marilyn Monroe.
 
 
Pero vamos a lo nuestro. Nunca olvidaré el momento en el que iba en el coche entre montañas nevadas y, de repente, apareció ante mis ojos. ¡Fue mágico! Mira que yo no soy de las que se emocionan demasiado con los paisajes naturales, pero Lake Tahoe es algo grandioso. Igual que grandiosa fue la sensación térmica al saltar del vehículo (era un 4x4). ¿Muchísimo frío? No, lo siguiente. Fotos en una playa helada, en la que ni siquiera se podía coger algo de arena, y vuelta al coche; caminata con la nieve impoluta cubriéndome las rodillas y corriendo al coche; cualquier otra actividad y pitando al coche. En un alarde de romanticismo y dada la belleza del paisaje, decidí fumarme un cigarrillo y se me congeló. Tuvimos que amputarlo.
 
 
Y a la mañana siguiente... la gran noticia: -25 grados centígrados. lo nunca visto (por mí).Y durante la noche había llegado a pasar de los -30, pero por supuesto, incluso los moteles modestos están preparados para el frío, así que no lo noté. Primero me hice la valiente: "Va, cuando pasas de -10 ya ni se nota la diferencia... sólo siento un poco de frío en los pies..." A los dos minutos, estaba a punto de echarme a llorar. ¡Pero cómo puede hacer tanto frío! ¡¿Por qué?! ¡¿Para qué?! La suerte fue que no hacía viento y lucía el sol, porque si no ya me veía volviendo a casa cual Juanito Oyarzabal (pobre Juanito, cuánto me da de sí). Me dolían los ojos, la cabeza, hasta las fosas nasales, con un dolor tan agudo que creía que se iban a explotar los capilares. Desagradable, ya lo sé, pero cierto. De vez en cuando me miraba los dedos para comprobar que seguían teniendo su color habitual (más bien blanquecino). No es broma. Que yo me he tragado todas las ediciones del Conquistador del Aconcagua y sé dónde está el riesgo.  
 
 
Pero sobreviví, y de hecho escribo estas líneas desde mi casita Palo Alto, con una temperatura de casi 80 grados (Farenheit, tranquilos). El calor empieza a ser insoportable, pero necesito volver a sentir lo que es sudar, después de mi experencia religiosa en el lago. Por cierto, que también fue muy místico el momento en el que una señora nos propuso sacarnos una foto con mi cámara frente a un marco incomparable (no pensarías que lo teníamos sólo en Donosti), y mientras trataba de enfocar se resbaló con la nieve y cayó al suelo cual saco de tubérculos. No le pasó nada. A la cámara, digo (vale, a la señora tampoco). Y en el documento gráfico salimos con los pies cortados, pero dadas las circunstancias es más que suficiente.
 
 
Maravilloso el Lake Tahoe. Pero la próxima vez, en verano.  
 

   





lunes, 14 de enero de 2013

Wonderful Lake Tahoe




Uno de los lugares que más me han impresionado en la vida.

Las fotos no le hacen justicia.

(Mañana, el relato).










 
 




 
 
 

 
 
 
 



viernes, 11 de enero de 2013

Acoso vs. Derribo

 
Cada día, cuando cruzo University Avenue, intento esquivar a los promotores de Greenpeace que tienen las aceras dominadas. Suelo ir de incógnito con gorras, gafas de sol, pasamontañas,... incluso un día cogí a un señor que pasaba por ahí y me lo puse delante para que no me vieran. Lo de hacer como que hablas por el móvil no les afecta en absoluto porque, ¿quién no va hablando por teléfono en esta ciudad? He tratado, también, de mimetizarme con los arbustos vistiendo ropa de camuflaje y con algunas ojas pegadas al casco. Pero eso parece que les motiva todavía más, por lo del amor a la naturaleza.
 
 
Tengo que aclarar que no tengo nada en contra de los chavales que me acosan en sí, pero sí contra los métodos que utilizan. Y sé que probablemente les habrán 'entrenado' para agobiar al personal, y que sus ingresos dependerán de la cantidad de miembros que capten para su entidad. Pero a mí no me cuadra que la gente se sienta atraída por la causa con preguntas del tipo: ¿Tienes ganas de salvar el mundo esta mañana? o ¿Estás segura de que quieres seguir caminando y no contribuir a la pervivencia de nuestro planeta? Y esos saludos desde tan lejos, gritándote incluso cuando estás al otro lado de la carretera.
 
 
¡¡Buenos días!!, ¡¿Cómo estás hoy?!, ¡No te escapes, que te veo!, ¡¡Muchas gracias por (no) atenderme!!, ¡¡¡¡Disfruta de tu día!!!
 
 
Si algún día decido pararme será para decirles que sí a lo que sea que me propongan, pero a condición de que me pongan una chapa o una pegatina acreditativa en la solapa para que, POR FAVOR, no me acosen nunca más. Sí, como véis, mi donación será por motivos muy ligados al medio ambiente.
 
 
La otra cara de la moneda de la gente que pide por la calle (porque, no nos engañemos, lo que hacen los de Greenpeace o cualquier otra ONG que contrata a promotores a pie de calle, es pedir), decía que, la otra cara de la moneda son los mendigos. Desde que vivo aquí, diría que nunca me han incomodado al pedirme alguna ayuda. Se la das o no se la das, pero no te agobian para que lo hagas. Y entre todos ellos, algunos han ideado fórmulas cuanto menos ingeniosas. Hay un hombre en la entrada de Stanford que porta un cartel en el que pone: "Mi mujer y mis hijos han sido raptados por unos Ninjas. Necesito dinero para clases de karate". El tipo lleva su cartel orgulloso y sonriente, mientras da vueltas por las inmediaciones de la universidad, esperando que la gente baje las ventanillas de sus vehículos para darle algo de cambio. Hasta que llega el Sheriff de Stanford y le ordena que salga del campus.  
 
 
En San Francisco, a la entrada del nada recomendable (bajo mi punto de vista) recinto (super) turístico Fisherman's Wharf, hay un  hombre de mediana edad sentado en un banco con un cartel delante que reza algo así como "Para qué engañar. Me gastaré el dinero en tomarme una cerveza". La imaginación al poder. Ganarse a los viandantes con humor y apelando a la empatía. Efectivamente, la estrategia es discutible y puede haber incluso quien se sienta ofendido. No voy a entrar en eso. ¿Pero no es más limpio hacerlo así? Sin agresión, sin acoso. Quizá con una intención de derribo, pero  derribo de nuestra indiferencia.
 
 
No soy una experta en marketing (no estoy hecha para vender motos), pero recomendaría, con mucha humildad, que quienes pretenden involucrarnos en asuntos de interés social lo hagan con delicadeza y respeto. Tratándonos como personas adultas con criterio. Y sin gritar, por el amor de Dios.
 
 

jueves, 10 de enero de 2013

Insomniac



Hace días que no duermo. Parece el título de una canción de amor, pero es la realidad. Bueno, algo exagerada, porque echo cabezaditas, pero nada de lo de a pierna suelta. La vida tan lejos de casa, los constantes papeleos que implica residir en los Estados Unidos y mi inminente viaje a Donostia me tienen atacada. Porque a lo de ver a mi gente después de casi seis meses se le une todo el tema del viaje. El de ida, que va a ser larguito (San Francisco-Salt Lake City-París-Bilbao), pero sobre todo el de vuelta.
 
 
En los viajes que he compartido con una amiga fantástica, made in Chile, he sufrido horrores por todo lo que le hacen pasar al intentar entrar en Europa. Las preguntas impertinentes, las eternas colas y los controles a los que se veía sometida constantemente, me ponían enferma. Sobre todo teniendo en cuenta que yo viajaba casi entre algodones, por el simple hecho de pertenecer a la UE (eran, entonces, mejores tiempos para nuestro país).
 
 
No sabía que yo misma iba a sufrir algo parecido en USA. Mi visado, el B2, es foco de grandes sospechas. Por ello, las ristra de preguntas es interminable, las miradas escrutadoras hacen daño y es practicamente imposible no sentir nervios en la cola de control. Aunque sepas que tienes todos los documentos en regla, que has hecho las cosas bien, no puedes evitar pensar que buscarán el más mínimo resquicio para sospechar de tus intenciones. Pero una vez más, si para mí es difícil, no quiero pensar en el infierno que tiene que resultar todo el trámite para cualquiera que provenga de Latinoamérica.
 
 
Estoy intentando vivir la espera de la forma más relajada posible, pero es increíble pensar en todas las dificultades que me ponen para entrar en un país en el que lo único que voy a poder hacer es consumir sus productos, pagar por sus servicios y contribuir a su economía -mal que me pese, a veces-. Y lo más curioso es que, para eso, no hay practicamente control. ¿Enseñar algún tipo de identificación cuando pagas con tajeta de crédito? Nunca. ¿Demostrar que eres el destinatario cuando recoges una entrega en la oficina de correos? Para nada.
 
 
En el futuro, espero poder ir comprendiendo mejor las razones para lo que, a mis ojos, son puras contradicciones. Eso sí, aunque creo que no es necsario que os lo recuerde, lo que cuento en mis Daily Tales son sólo mis impresiones y las conclusiones que saco a partir de lo que veo. Pero no tengo la verdad, sólo mi opinión.
 
 
Ahora voy a tumbarme en la cama para intentar conciliar el sueño. Lo de contar ovejas a mí nunca me ha funcionado, así que creo que probaré con  alguna película de José Luis Garci. Terapia de choque.    

miércoles, 9 de enero de 2013

I love you

 
 
Estos han sido días de dar las gracias y pensar en los afortunados que somos por la gente que tenemos alrededor. Y también -por qué no decirlo-, días para echar de menos a las personas que nos hacían felices y ya no están. No voy a hablar de ellas, aunque las llevo siempre conmigo. Pero respecto a los que me siguen acompañando físicamente, no tengo más que palabras buenas y profundas.
 
 
Estoy jodida en muchas cosas -como casi todos en este momento-, pero no me canso de repetir lo afortunada que soy por la gente que tengo en mi vida. Recuerdo cuando de pequeña era una niña 'especial', y el hombre sabio y la artista me repetían sin descanso eso de "el tiempo pondrá las cosas en su lugar". He conocido a montones de personas indeseables -y las que me quedan-, pero puedo presumir -y de hecho, presumo- de tener la mejor familia y los mejores amigos que cualquiera podría pedir. Soy absolutamente consciente de mi personalidad 'peculiar', y de hecho, este post va dirigido a todos esos adolescentes (chicos y chicas) que sienten que no pertenecen al mundo en el que habitan. Yo también me sentí así. Pero conseguí superar todos mis miedos gracias a las personas maravillosas que creyeron en mí, en mis locuras, y que vieron en esta personalidad extravagante un filón para el buen rollo, la empatía y la amistad verdadera. Y en los tiempos en los que lo único que contaba para ser la mejor era la velocidad en clase de gimnasia, o la adecuación a temas intrascendentes, eso tiene mucho mérito. Por eso, I, mi fiel compañera, nunca lo olvidaré.
 
 
Durante toda mi  vida he tratado de ser una buena persona y una buena amiga. Hoy en día sigo recogiendo los frutos en este lugar en el que no tienen muy claro lo que son los amigos, la fidelidad, el respeto profundo. Cuando pienso en la gente que tengo conmigo no puedo evitar esbozar una sonrisa de orgullo, y cuando hablo de la gente indeseable casi ni pestañeo. El tiempo se ha encargado de poner las cosas en su sitio, y si dentro de ti hay basura lo único que saldrá será mal olor.
 
 
Ahora mismo, en este bar, rodeada de personas que no le dan tanta importancia a la amistad, me gustaría subirme a la silla en la que estoy sentada, como alguno de los protagonistas de El Club de los Poetas Muertos, y proclamar al mundo que no hay nada más importante que sentirse querido y poder compartir las alegrías y las tristezas con la gente que nos comprende.
 
 
No podría nombrar en esta entrada a todas las personas que hacen mi vida mejor y más feliz, porque son muchas. Vosotros sabéis quiénes sois y sabéis también que sin vosotros no sería nada. Soy la mujer más orgullosa del mundo. No tendré dinero, no tendré trabajo. Pero os tengo a vosotros, y ese es el mayor tesoro.  
 
 

lunes, 7 de enero de 2013

Mi paraíso particular

 


Tengo un lugar secreto en Palo Alto que descubrí poco después de llegar, y visitarlo de vez en cuando se ha convertido en una especie de ritual para mí. Es un jardin encantado en medio de todos los edificios de oficinas que pueblan la ciudad. Tiene las flores más bonitas, bancos de película y una gran fuente que, cuando cierro los ojos, me hace rememorar mi añorada Andalucía. Es el lugar al que vengo para relajarme, para meditar y a veces -como hoy- a escribir. Y no es que en Palo Alto falten parques o árboles, todo lo contrario. Pero la paz que se respira aquí me hace sentir que podría estar en cualquier lugar. Sueño con que salgo por la cancela de la entrada y estoy en la calle 31 de Agosto de Donosti, o en la Plaça de la Revolució de Barcelona, o en una de las callejuelas del barrio de la Viña en Cádiz. Todo está en armonía en este lugar tan bello. Un lugar que, por cierto, no he compartido con casi nadie desde que lo encontré, porque me resisto a que pierda la magia que tiene en soledad.
 


¿Pero es mi paraíso particular un jardin ideado por el Ayuntamiento de esta ciudad para el goce y disfrute de sus habitantes? En realidad, no. Es un espacio privado que pertenece a una de las mayores entidades de capital de riesgo del país -los ya archiconocidos hombres de negro-, que ha decidido cedernos este (su) tesoro durante un cuantas horas al día, eso sí, bajo la estricta vigilancia de decenas de cámaras que siguen cualquier movimiento que se haga en este bucólico emplazamiento. Te lo advierten claramente en la entrada, te van a controlar bien cotroladito. ¿Y cómo puede ser que precisamente gracias a esos señores tan malos pueda evadime de los problemas? Cosas de la vida. ¿Miedito? Sí, un poco.
 
 
Aun así, me he acostumbrado a sentirme permanentemente observada en este país. Al final, acaban consiguiendo que le des la vuelta a la tortilla y pienses que va a ser mejor para ti que todo lo que haces esté registrado, por si pasa algo malo. Misión cumplida. Ahora, aquí sentada, reflexionando sobre lo que han podido ver de mí estas cámaras de seguridad, me he quedado tranquila al pensar que poco más habrán captado que mis momentos de reflexión mientras sorbo el café humeante, las huídas a lo Benny Hill que protagonizo cuando se me aceca una avispa o similar, y mi amplia sonrisa cuando cierro los ojos y dejo que el sol me acaricie el rostro. Pues que lo disfruten.     


viernes, 4 de enero de 2013

El impacto de la crisis en la familia

 
 
Por fin sé de dónde viene todo. Un estudio que acaba de publicar la revista JAMA Psychiatry afirma que las personas nacidas durante la recesión económica de los años 1980-1982, tienen más probabilidades de desarrollar problemas de comportamiento -como abuso de drogas y delincuencia- durante su adolescencia, que los nacidos en periodos con un bajo nivel de desempleo.
 
 
Yo soy del 81, así que me veo perfectamente reflejada. Lo de la delincuencia no es lo mío; una vez cogí un chupa-chups gigante (de los de 25 pesetas) en una tienda de chuches sin pagarlo, y para cuado llegué a la altura de la puerta estaba hiperventilando tanto que tuve que volver a dejarlo en su sitio. En cuanto a las drogas... lo de ser adolescente en Euskadi tiene otro peligro que se une al tema de la recesión: el kalimotxo. Confieso que he pecado.
 
 
Fuera de bromas, el desempleo prolongado en las familias, como es obvio, puede generar un mal ambiente que repercutirá en los menores. Aunque, como dicen los autores del estudio, "no sólo el desempleo, también un trabajo poco satisfactorio puede llevar a una baja autoestima y a menores ingresos, y afectar negativamente a la crianza de los hijos".
 
 
El American Journal of sociology dice también, al hilo del tema del desempleo, que el paro, más que la infelicidad en la pareja, predice el divorcio (especialmente en los hombres). Los investigadores de Ohio dicen que "para los hombres, no tener trabajo incrementa la capacidad de iniciativa para dejar la relación". Y añaden: "Los hombres siguen estando bajo un patrón antiguo que los estigmatiza si están haciendo el trabajo que se presupone que pertenece a la mujer". Una de las profesoras de la Universidad Estatal de Ohio que firma la investigación dice, concretamente, que "sigue siendo inaceptable para los hombres quedarse en casa y cuidar de los niños", aunque sea una consecuencia de los efectos del desempleo en las familias.
 
 
Me da pena. Alguna vez, viviendo en California, hemos hablado de esta cuestión. Y he escuchado a mujeres que decían que no se sentirían bien con un marido que se quedara en casa cuidando de la prole, porque es "poco masculino". Yo reconozco que a veces no sé cómo reaccionar porque son prejuicios que nunca me han entrado en la cabeza. En mi caso concreto, tanto mi padre como mi madre han trabajado fuera de casa, y han sido siempre los dos quienes me han llevado al médico cuando estaba mala, quienes me contaban cuentos antes de  dormir y también los que me han echado la bronca cuando estaba siendo (algo) insoportable. Pero también me he encontrado con mujeres poco mayores que yo que me argumentaban que sus maridos no iban con sus hijos al médico porque "no sabían", o porque "no los habían educado así y eso ya no se cambia", y montones de estupideces parecidas.
 
 
Sí, estupideces. Y sobre todo en un momento como el actual, en el que la vida de los miembros de una familia puede dar un vuelco de un día para otro por motivos económicos. Y puede que, en un hogar en el que el padre ha sido siempre el mayor procurador de ingresos, lo echen del trabajo y sea su mujer la única encargada de conseguir el dinero para que la familia subsista. ¿So what? Son tiempos jodidos para todos. No puede ser que por ello tengan que pagar los más pequeños -que ni siquiera saben lo que les está ocurriendo a sus padres- y tampoco que las dificultades lleven al traste montones de matrimonios por un 'simple' problema de falta de adaptación a las nuevas circunstancias. El mundo, hoy en día, es el que es. Y si no queremos que nos coma y que destruya nuestras parejas y nuestras familias, no tenemos más que plantarle cara juntos, sin diferencias y sin vergüenzas. Porque, desde luego, en ningún caso somos nosotros los que tenemos que sentirnos avergonzados.
 
 

miércoles, 2 de enero de 2013

Menuda nochecita

 
 
Como una rosa amanecí el 1 de enero. Tanto, que acompañé al Científico a buscar setas, con éxito absoluto. Y eso que el día anterior había sido muy largo... Porque, aunque  me lo olía, no era consciente de lo estresante que puede llegar a ser celebrar la entrada del año nuevo por partida doble y con tantas (nueve, en concreto) horas de diferencia.
 
Tranquilo todo el mundo. No voy a contaros con todo lujo de detalles lo que dio de sí la celebración, porque al fin y al cabo las fiestas de Nochevieja no son tan diferentes al otro lado del Atlántico (cenar, esperar a que den las doce, brindar y bailar). Pero sí hubo detalles que me sorprendieron (más), y creo que merecen algunos comentarios.
 
 
- Comer las uvas a las tres de la tarde y confundirlas con las aceitunas del aperitivo. Porque sólo pudimos encontrar uvas negras. No todo puede ser perfecto.
 
 
- Quedar para cenar a las siete de la tarde. Todo por aquí se hace antes porque los días son más cortos en lo que a ocio se refiere. Pero entre saludar a las familias vía internet, ducharnos y acicalarnos, sucedió lo inevitable: la comida se juntó con la cena.
 
 
- Cenar en un tailandés. Para mí es sólo un dato curioso, pero las caras del Científico mientras engullía sus rollitos de verduras eran un poema. Frente a mí, y rodeado de las más de quince personas que compartían mesa con nosotros, me susurraba palabras como 'jamón', 'lomo' o 'kokotxas en salsa verde', con una mirada de deseo que pocas veces había visto antes.
 
 
- Cenar con una corona de princesa en la cabeza. Lo que resulta extraño es más bien el momento en el que se la ponen: justo al llegar al restaurante. Para mí tendría más sentido en los postres, cuando una ha perdido ya algo del sentido de la vergúenza. Y no me entendáis mal; pocas cosas me gustan más que colocarme una tiara en la cabeza, aunque sea de cartón. Y además resulta especialmente útil para encontrar a tu grupo en una sala hasta los topes en cualquier fiesta de Nochevieja. Pero conversar con el resto de comensales sobre temas de trascendencia tratando de pasar por alto que llevan puesto un sombrero con confeti es una tarea complicada.
 
 
- Pasar la noche en un club con gente semidesnuda. Y la etiqueta no lo requería. Ningún prejuicio, de verdad. Pero me llaman la atención los atuendos que se gasta el personal en una fría noche de invierno (porque en California también hace frío). Espontáneas bailando en ropa interior, faldas que parecen camisetas talla L, hombres con corbatas o pajaritas sobre torsos desnudos... Me sentí como una ursulina.
 
 
-  'Chanchullos' en la cola del guardarropa. Sí, porque también había gente con abrigos sobre sus prendas escuetas. Después de pasar un buen rato (el rato no fue muy bueno, es una expresión hecha) esperando para deshacerme de la ropa que me impedía darlo todo en la pista de baile, cuando estaba ya a la altura del mostrador, se me acercaron dos de las protagonistas de Jersey Shore (o similar) diciendo que me pagarían 20 dólares si les guardaba también sus abrigos. Podéis pensar que soy tonta (puede que sí, teniendo en cuenta el precio de las copas), pero dije un NO rotundo, sin tener que pensarlo ni un sólo segundo. Primero porque no me parece de recibo coger dinero de gente desconocida así como así, y segundo porque me duele por todas las personas que, como yo, han estado aguantando la santa cola como gente civilizada. Me hubiera sentido sucia. Porque de eso a adjudicar contratos a dedo para eventos deportivos en Mallorca hay sólo un paso.
 
 
- En todas partes cuecen habas. En una de mis incursiones al baño, me encontré con una pobre mujer que acababa de vomitarse encima. ¿Y qué hice? ¿Girarme y concentrarme en vacíar mi acuciante vejiga? Pues no. Me puse, junto con otro alma caritativa que andaba por allí, a limpiarla como pude. Mientras la chica 'se dejaba hacer' e intentaba mantenerse en pie con notable dificultad, no dejaba de darnos las gracias y de comentar cosas tan sorprendentes como "creo que he bebido demasiado". Ya se sabe que los borrachos  y los niños... En fin, hay que ganarse el cielo.  
 
 
- El mundo termina a las 2 AM. Cuando dejan de servir alcohol. De repente, en una fiesta que dura hasta las seis de la mañana, el personal desaparece y quedan sólo las ascuas. Y no es para menos, porque el adjetivo 'estricta' se queda corto para la aactitud que tienen los locales. Ahí me encontraba yo, tomándome una de las pocas copas de la noche, cuando una de las camareras se acercó a mí y, sin mediar palabra, me hizo saber que tenía que bebérmela de inmediato si no quería problemas. Lo hizo con un gesto universal, que consiste en cruzar el dedo índice lentamente a lo largo del cuello. Sobran las palabras. Eran exactamente las dos menos dos minutos, y se quedó ahí de pie, frente a mí, hasta cerciorarse  de que había dejado el vaso vacío de un trago.
 
 
- Un crooner para amenizar la velada. En nuestras salidas a la 'zona de fumadores' (un pequeño espacio vallado en la  acera) tuvimos la oportunidad de conocer a personajes de todo tipo, como siempre ocurre en esta ciudad tan fascinante que es San Francisco. Pero el más destacable fue un hombre que se empeñó en contarnos la historia de su familia a través de grandes éxitos musicales. El momento álgido: su versión 'chirriante' de You are not alone, que escuché con emoción hasta que uno de los mostrencos de seguridad lo mandó a freir espárragos. Mítico.
 
 
Y así transcurrió, a grandes rasgos, una noche inolvidable -por diferente-. Y no puedo dejar de decirlo, en un local espectacular, en el que además de cuatro salas con distinta música tienes un bar con pizza las 24 horas. Sólo queda un año para la siguiente fiesta de Nochevieja, y como sea la mitad de intensa voy a necesitar un chute de jalea real para aguantar. Que la edad no perdona.
 
 
  

domingo, 30 de diciembre de 2012

Mis mejores deseos




Ante todo, quiero brindar por los que este año nos han dejado, y también por los recién llegados.

Otro brindis porque este año sigamos luchando, porque no nos ganen.

Y porque os sigan interesando mis historias, que al fin y al cabo dicen mucho de mí, y me hacen sentiros más cerca.











 
Urte berri on

Feliz Año Nuevo

Happy New Year...

... y a darlo todo esta noche!






viernes, 28 de diciembre de 2012

Dilemas para el Nuevo Año

 
 
Estamos preparando la nochevieja. Y no es tan sencillo como puede parecer, porque quiero impresionaros, para qué voy a mentir. No muchas veces una donostiarra puede recibir el nuevo año en California. Y claro, desde allí tenéis que sentirlo como una celebración a lo grande, como todo por aquí, nada de medias tintas. En esas hemos estado todo el día de hoy, desde que he quedado con unos amigos alemanes a las 11 de la mañana, hasta altas horas de la noche (es verdad que en medio ha habido risas y demás).
 
 
Sabemos que tenemos que ir a San Francisco, porque pasar la víspera de Año Nuevo en Palo alto es lo más cercano al coma que se me ocurre. Pero ir a la gran ciudad también tiene sus inconvenientes: gente, gente y más gente. Porque, aunque todo el mundo por aquí cree que soy muy joven, a una le van pasando los años y las grandes aglomeraciones me dan cada vez más pereza. Eso, unido a  las dificultades que ya os comenté que tienen los lugareños para compartir acera sin chocarse, hacen qque la perspectiva sea cuanto menos difícil. Al menos hemos descubierto que van a poner cinco trenes de más esa noche, para volver de San Francisco a las otras ciudades de la Bahía. Dicen que se trata de una apuesta para que los "juerguistas" (sí, así nos llaman) utilicen el transporte público y, al menos una vez al año, dejen el coche en casa. El último tren sale a las 2.15am. Efectivamente. ¡Fiesta!! Pero es que, por si no lo sabéis, en California la ley prohibe vender alcohol a partir de las dos de la mañana, incluso en los bares. Así que la fiesta suele darse por finiquitada sobre esa hora, a no ser que quieras estar dándolo todo en la pista con un moca-latte, que oye, bien mirado, también tiene su punto.
 
Esa noche seremos unas veinte personas en busca de algo digno con lo que celebrar el año nuevo lejos de nuestra gente: vascos, alemanes, asiáticos de distintos países, dos Drag Queens de la zona... Salga lo que salga de todo este potpourri, seguro que será interesante.
 
 
Eso será varias horas después de la Nochevieja de (casi) todos vosotros. Así que estaré disponible vía internet y me compraré un arsenal de uvas para poder repetir el ritual en cada una de las conexiones. Y estoy pensando: ¿vale igual el vino blanco? Porque también son uvas, sólo que machacadas...
 
 
Anyway, os diré cómo termina todo esto y si, al final, sale algo curioso, que es lo más probable. He pasado este día en distintos lugares a lo largo de mi vida, pero nunca tan lejos y con semejante diferencia horaria. Teniendo en cuenta que a las tres de la tarde tengo mi primera conexión con familia y amigos para festejar, y que me juntaré para cenar no más tarde de las seis con el variado grupo de 'juerguistas' de Palo Alto, la entrada en el 2013 promete ser, como poco, muy pero que muy larga.



Happy New Year to all of you!!!
 
O, lo que es lo mismo,
 
¡Feliz Año Nuevo!!! 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Sorpresas

 
 
Pues parece que ya ha pasado. No se acabó el mundo (al menos no de forma obvia) y volvimos a celebrar la Nochebuena y la Navidad como cada año (aunque esta vez con algunas ausencias, la más comentada la de la vaca y el burro en el discurso del Rey). Es posible que el mundo no se haya terminado, pero sí parece que se ha dado la vuelta. Porque resulta que en Esukadi han estado cantando los villancicos en bikini, poniéndose ciegos de mojitos y caipirinhas, y nosotros en sunny California poniéndonos como sopas. Unas tormentas terribles han estado azotando el centro y el sur del Estado en las últimas semanas, y aunque al principio me hizo gracia lo de chapotear y todo el tema de Singing in the rain, creo que he crecido ya algunos centímetros de lo mucho que me he mojado estos días, y lo peor, me están saliendo branquias. Así que espero ansiosa la vuelta a la tranquilidad, porque esto de cinco minutos lloviendo a cántaros, cinco minutos de sol, diez de diluvio universal, dos de verano y vuelta a empezar... cansa mucho y no es serio. Estoy pensando incluso en reclamar que me devuelvan el dinero. Lo que no sé es a quién.
 
 
Pero al margen del clima -o con él-, esta semana ha venido cargada de sorpresas. No sólo los regalos, que este año han llegado de manos tanto del Olentzero como del mismísimo Santa Claus. -Me chifla lo del 'Hohoho!!'. Tendríamos que inventar algo así para Mari Domingi-. Pero a lo que iba; que por fin he vivido el encuentro que tantos meses llevaba esperando: por fin me he encontrado con Mark Zuckerberg! Sí, sí, como os lo cuento. Y no por la calle, rodeado de seguridad y montándose en un Jaguar, sino en uno de mis (dos únicos) bares preferidos de Palo Alto, un sábado por la noche con un grupo de amigos (¿o quizá empleados?). El caso es que lo vimos cuando estaba intentando acceder al local (en el que te piden una identificación que acredite que eres mayor de 21). Entró sin ningún revuelo. En el post que escribí hace unas semanas sobre él y la película que cuenta la historia de la creación de Facebook, ya dije que no es santo de mi devoción. pero cuando lo ví... aun no lo comprendo, pero tuve un momento fan, a lo niña de Justin Bieber. Me senté en la mesa de enfrente y empecé a hacerle fotos disimuladamente con el teléfono. Lo más probable es que no se diera cuenta, porque yo pretendía estar leyendo mis correos, y he de decir que soy una actriz del Método. ¿Y para qué hice todas esas fotos (borrosas)? No lo sé, porque no voy a publicarlas en Facebook, ni en mi blog, ni por supuesto tienen nada digno de vender a las revistas carroñeras (sólo se tomó una Coca Cola). Fue un acto deleznable y no digno de mí, pero era la única forma de cerciorarme de que lo tenía delante, de que vivo en Palo alto rodeada de millonarios que aparentan 16  años y visten sudaderas con capucha, y que salen de bares como si nada. Porque al final, por muy viajada que esté, a una siempre le queda una parte de Paco Martínez Soria con su cesta de gallinas en el 'nuevo mundo'.
 
 
Total, que no puedo decir nada bueno ni malo del amigo Mark, porque no tuve el placer de hablar con él (tranquilos, todo se andará). Y podéis estar orgullosos de que no me arrancara el pelo a mechones de la emoción o me escribiera sus iniciales en la cara con boli; me controlé. Pero sí coincidí con él en la barra al ir a pagar nuestras respectivas cuentas, y aunque actué con absoluto desdén, sin mirarle ni una sola vez, reconozco que alargué el cuello hasta el infinito y más allá para ver su recibo. y tengo que decir que, con una cuenta de 20 dólares, mister Zuckerberg dejó 10 dólares de propina, lo que significa el 50%. ¡Un Hurra por Mark, que se enrolla! Yo fui bastante más miserable, pero también soy algo más pobre que el muchacho.
 
 
Y temas de famoseo aparte, poco he hecho estos días más que festejar. Y felicitar a todas las personas con las que me he cruzado en la calle, en las tiendas, en los bares, el señor de FedEx con los paquetes,... Eso sí, felicitando las fiestas en general, pero no la Navidad, porque se ve que aquí lo de decir Merry Christmas (o 'feliz Navidad') ya no se lleva por no ser respetuoso con las personas que no son de religión cristiana. Así que lo que hay que hacer es desear a todo el que nos crucemos que tengan unas fiestas muy felices, pero así, sin concretar, no vaya a ser que a alguno que resulte ser judío, o hinduista, o incluso ateo, le vaya a dar un tantarantán al escuchar la dichosa expresión. Ya sabéis, amiguitos, una lección más de lo que significa respetar al prójimo en este país. ¿Cómo? ¿Qué decís? ¿Que el hombre que mató a dos bomberos esta semana en Nueva York dejó escrito que lo que más le gustaba en el mundo era matar a gente? Sí, puede ser. Pero seguro que ese buen americano sabía felicitar las fiestas como se debe; ante todo, con mucho respeto.  

jueves, 20 de diciembre de 2012

Por si no se acaba el mundo

 
 
Es probable que no lo hayáis escuchado, pero dicen que el mundo se va a terminar hoy. Así, sin más. Flop. Y desaparece. Al principio era un poco escéptica, pero en los últimos días he estado pensando y, bien mirado, hay montones de señales. Muchas razones de peso para dar esto por finiquitado.
 
 
Hoy mismo, por ejemplo, he visto la promo del programa Hijos de papá. Había una chica rubia con un chiguagua que decía que no le gustan los "catetos", porque no cuidan su imagen. Efectivamente, el Universo podría pasar perfectamente sin ella. Pero no sólo la Barbie de Marbella. Cualquiera de esos pequeños monstruos incitan a prenderle fuego a la Tierra (pero no lo hagáis nunca, amiguitos). Hay muchas razones para bajarse del tren. ¿Gandía Shore? ¿Gangnam Style? Perdonen, pero yo me apeo. Y no voy a entrar en más detalles de la basura que nos rodeea en el mundo, porque si este es vuestro último día tampoco os lo voy a fastidiar con discursos reivindicativos.
 
 
A mí lo que me puede es el concepto del final. El Científico me explicó que el tiempo es absoluto, y que somos nosotros los que lo relativizamos con el tema del sol y los hemisferios. Entendido. Pero resulta que he leído que la hora del fin del mundo son las cinco de la tarde. Para todos. ¿Pero las cinco de quién? Reflexionando (poco), he llegado a la conclusión de que se trata de las cinco del centro del mundo, o lo que es lo mismo, de nuestras cinco de la tarde. Porque si van a venir los alienígenas, no pueden aparcar la nave en otro lugar que no sean los Estados Unidos. No conocen nada más.  
 
 
Así que la mayoría de vosotros tendréis todo el día de hoy para disfrutarlo a tope. Yo no sé lo que haré durante la mañana. Pensaba ir a por los regalos de Navidad, pero no merece la pena si luego no los vamos a poder abrir. También podría marcharme a Las Vegas a ver a Celine Dion en concierto, pero en lo que tardo en llegar... flop. Así que tampoco. Creo que me dedicaré a la vida contemplativa. Pasear entre árboles, sentarme al sol, abrir una buena botella de tinto, fumarme un cigarrillo (Oh, Dios Santo!!). Y por supuesto, hablar con mi gente, aunque sea vía Skype y con retardo. Sí, las cosas buenas de este mundo tan terrible y tan injusto.
 
 
Y si al final no pasa nada, y el sábado vuelve a salir el sol, creo que me tomaré un par de días de 'descanso' del blog (¿o sería mejor decir 'os daré un par de días de descanso'?) para volver a la carga con más fuerza después de las celebraciones navideñas. Hasta entonces, como diría algún actor americano en un anuncio de champán (o cava catalán): "¡Felises fiestas!"


 
 
 

Navidad para el hombre de las montañas

 
 
Estoy sentada en una mesa del bar al que vengo habitualmente a escribir, con una taza de café en la mano y en la radio canciones de Navidad de esas cantadas por crooners que son capaces de hacer llorar hasta a un rudo camionero tejano.
 
 
Y así estoy yo hoy, un poco llorona. En las últimas semanas están pasando muchas cosas y me invade una sensación de pérdida importante. Y es inevitable que el espíritu navideño que todo lo inunda te haga sentir un poco peor. Porque, al fin y al cabo, si a estas fiestas les quitamos la parte religiosa, y no estamos con la familia ni tenemos turron ni las campanas de Nochevieja, lo único que nos queda es lo de comprar y comprar y comprar. Pero ni siquiera vas a poder dar los regalos cuando toca, así que es un fraude total.
 
 
Empieza a hacer frío y estamos teniendo por primera vez días frescos y soleados, de los de salir con abrigo, bufanda y gafas de sol; de esos que me encantan. Stanford se va vaciando de estudiantes que se marchan a sus casas y Palo Alto se llena de autóctonos dispuestos a comprar los mejores regalos. Y yo en una especie de limbo.
 
 
Igual que el hombre de las montañas. Me gustaría saber lo que significan para él estas fechas. Supongo que poco, aunque quizá consiga algo más de atención, visto que son días para 'hacer cosas buenas por los más necesitados'. Por ahora ya ha ocurrido algo que me ha hecho tremendamente feliz: tiene un abrigo nuevo. Un abrigo en condiciones, para la lluvia y el frío. Es rojo y le sienta como un guante. No podía creerlo cuando lo ví. Ya os comenté que estaba muy preocupada porque había empezado la temporada de lluvias y no tenía más que una triste cazadora de verano. Y el caso es que -por lo que intuyo- el hombre de las montañas (o Papá Noel, como yo lo llamo) sufre de artritis o artrosis. Paso mucho tiempo observándolo, y se frota las rodillas a todas horas, igual que hace con las palmas de sus manos. Por las tardes, en su banco, dedica unos minutos a hacer una tabla de ejercicios. Sentado, estira una rodilla y la vuelve a doblar; hace lo propio con la pierna contraria y luego se pone de pie. Se sienta y vuelve a empezar. Cuando ha terminado la serie, se dispone a dar su largo paseo diario por la zona. Sé lo mala que es la humedad para este tipo de enfermedades, así que he pasado las últimas semanas más preocupada por él que de costumbre. Al estar lloviendo, había días en los que no podía hacer sus ejercicios, y lo veía caminando con dificultad bajo la lluvia, su pelo largo y amarillento y su barba chorreando, su ropa empapada.
 
 
Pero hoy lo tengo delante y me siento aliviada. Es una emoción difícil de describir, y quizá de comprender, pero la empatía que siento por este hombre misterioso va a más. Sólo quiero que esté bien, que se cuide, que no le pase nada malo. Supongo que es la representación en esta ciudad de todo lo que me importa y me preocupa en la vida. Ahora lo veo en el banco, con el pelo seco y el abrigo puesto, tomándose el café del día. Después se fumará un cigarrillo y se marchará a pasear, con su lento caminar y su mirada perdida, aprovechando el precioso día soleado que tenemos en Palo Alto.

 

martes, 18 de diciembre de 2012

Beautiful California


 

Una de las cosas que más me están sorprendiendo de California, y de la que rara vez he hablado, es la naturaleza. Esta es una zona llena de contrastes, y en esa diversidad de paisajes reside su encanto. Para acercaros un poco más su belleza, hoy cambio las palabras por imágenes 'caseras'.





 

¡Have a nice day!

lunes, 17 de diciembre de 2012

El precio del sueño americano



El Pew Research Center ha presentado una encuesta sobre las opiniones de la ciudadanía  norteamericana y la europea en determinadas cuestiones como la autonomía, la homosexualidad o las diferencias culturales, cuyos resultados podemos leer con cierto optimismo (porque son mucho mejores que los de las encuestas anteriores), pero también con lógica preocupación. El 49% del país considera que sus ciudadanos no son perfectos, pero su cultura es superior a las otras. Parece mucho decir, pero es que en 2002 eran seis de cada diez las personas que opinaban de esta manera.   


Con respecto a la homosexualidad, los resultados son esperanzadores. Si en 2007 sólo un 49% de la ciudadanía consideraba que esta opción sexual debía ser socialmente aceptada, este año son seis de cada diez quienes opinan así. Efectivamente, son porcentajes mucho menores que los que se dan en Europa (más del 80% en España, Alemania, Francia y Reino Unido), pero parece que las cosas están cambiando, especialmente entre las personas más jóvenes. Según la encuesta, casi siete de cada diez norteamericanos de menos de 30 años creen que la homosexualidad tiene que ser socialmente aceptada, y sólo un 37% cree que su cultura es superior a las demás.


Pero el aspecto de la encuesta que más preocupa, y que considero en parte una base para las opiniones que tienen con respecto al resto de cuestiones, es el individualismo. La gran mayoría de la población de Estados Unidos cree que el éxito en la vida no está determinado por elementos que puedan escapar a nuestro control; es decir, que tú y sólo tú eres el responsable de no ser un triunfador. Unida a ello está la idea de conseguir los retos de la vida sin interferencia del Estado (58%), en contra de la opinión mayoritaria en los países europeos, que consideran que la prioridad es asegurarse de que nadie viva en la pobreza y la exclusión social.  
 
 
Aquí se trata de defenderse a uno mismo, porque no puedes confiar en que el resto lo vaya a hacer por ti, y mucho menos el Gobierno. Hablaba muy bien de ello el corresponsal de El País, Antonio Caño, en un artículo al hilo del tiroteo de hace unos días en la escuela de Connecticut: "En todo caso, en este país ha sobrevivido, ciertamente, un espíritu de desconfianza hacia el estado que lleva a muchos ciudadanos a asumir ellos mismos la responsabilidad de proteger a sus familias. Ello se une a un estilo de vida, en comunidades alejadas de los centros urbanos, que hace difícil el cumplimiento por parte de las autoridades de su obligación de mantener segura a la población".
 
 
Precisamente, este fin de semana he cenado en casa de unos amigos franceses que han alquilado una casa de invitados en una de las ciudades más exclusivas de la Bahía de San Francisco: Los Altos. Y ellos nos contaban cómo, en esa comunidad perfecta en la que los vecinos intercambian pasteles y galletas de chocolate, hay carteles a la entrada advirtiendo a los residentes de que tienen la responsabilidad de llamar a la policía en caso de ver cualquier cosa que les resulte sospechosa. Es probable que sea por las películas, pero en ese tipo de lugares tan silenciosos, con el cesped perfectamente cortado y las luces de Navidad adornando las fachadas inmaculadas, es donde más percibo el miedo y la desconfianza en el ambiente. Es algo así como con nosotros o contra nosotros.
 
 
Y es ese sentido exacerbado de lo que significa la libertad individual lo que lleva a este país a los extremos que muchos no soportamos. Por ejemplo, tengo el derecho a defenderme de los posibles peligros, así que tengo derecho a comprar armas para conseguirlo. Aunque en estos días, como es obvio, lo que más se escucha son palabras de repulsa y consternación por lo sucedido en la escuela de Newtown, también he podido leer muchas (sí, muchas) opiniones sobre lo bueno que hubiera sido que los profesores hubieran estado armados para evitar las muertes de los niños. También hay teorías sobre la conveniencia de que este tipo de asaltos se produzcan en centros educativos o cines, porque saben que allí la gente no irá armada y será más fácil cumplir con su objetivo. Así que lo que proponen es que todos llevemos una pistola en el bolso, por si las moscas. Una vez más, son el miedo y la desconfianza los que hablan, en este país del do it yourself.
 
 
Parece que la encuesta del Pew Research Center refleja actitudes de mayor solidaridad entre los jóvenes, que están más preocupados por el bienestar de la sociedad en general, y que creen algo más que sus padres en la intervención del Estado. Aun así, tengo la impresión de que, mientras sigan obsesionados por protegerse de un enemigo inexistente, seguirán ocurriendo cosas de este tipo. Esperemos que la respuesta de estos días y los buenos propósitos no queden en el olvido -como ha ocurrido en anteriores ocasiones- y que sirvan como punto de partida para la consecución de una sociedad más justa y solidaria, y en la que, como mínimo, sus ciudadanos no tengan que vivir constantemente cubriéndose las espaldas.
 
 

Despedidas

 
 
Supongo que a muchos os habrá pasado alguna vez lo de cansaros de vuestra ciudad, de la gente, de la rutina,... Vamos, que te pones a hacer discursos del tipo: "Si es que aquí somos unos sosos, y es que no hay camareros más bordes en ningún sitio, y la mayoría de la gente no tiene inquietudes, y es que es un pueblo pequeño, blablabla. Y yo lo que quiero es marcharme a conocer otros lugares, otras culturas, enriquecerme como persona, blablabla." Ya sabéis.
 
 
Y entonces vas y lo haces. Y te plantas en un sitio muy muy lejano, a rebosar de personas de distintas nacionalidades, etnias, religiones, culturas... Y los vas conociendo, y vas compartiendo cada vez más tiempo con ellos, y poco a poco empiezas a echar en falta lo que tenías en casa. Y entonces los discursos pasan a ser del tipo: "Si es que como en casa no se come en ningún sitio, y seremos serios pero cuando nos conoces lo damos todo, y que no se nos olvide que somos gente muy noble, y mira lo bien que estaríamos allí de bares, que cierran más tarde, no como aquí, que son unos aburridos, blablabla".  
 
 
En esas estaba cuando tuve la suerte de conocer a dos personas 'de la tierra', que desde el primer instante me devolvieron una parte de lo que sentía perdido por aquí. Porque, que nadie me entienda mal, es genial conocer gente de todas partes, con sus particularidades, y merece absolutamente la pena salir, moverse, viajar, para constatar que lo que nosotros tenemos en casa no siempre es lo mejor. Pero cuando estás tan lejos del hogar, digo yo que es natural que sientas la necesidad de rodearte -no sólo- de personas con las que puedas compartir el idioma, cultura, hábitos, preocupaciones, y para mí algo fundamental: el humor. Porque a veces cuesta que personas de diferentes países nos riamos con las mismas cosas. Así que cada día que he pasado con estos dos amigos ha sido como estar en casa, y eso para mí es decir mucho. Y aunque el tiempo físico compartido no sea demasiado, vivir en común el esfuerzo que conlleva estar en un país nuevo tratando de buscarse la vida une mucho, y hace que las relaciones personales se afiancen con mayor rapidez. Es la familia en el extranjero.
 
Mis nuevos amigos se marchan a casa por Navidad, igual que la mayoría de la gente que conozco por aquí. Pero en su caso, no está claro si volverán o no con el inicio del año; todo depende de sus circunstancias. Y tengo que admitir que nos dejan un poco 'huérfanos', tanto a mí como al Sleepwalker. Porque no es tan sencillo encontrar gente en el camino con la que desde un primer momento conectas de verdad. Y encima con el extra de que son personas auténticas, generosas y muy divertidas. Y eso a una servidora la conquista de todas todas.
 
Vamos, que para qué engañarnos, es jodido despedirse de las personas que te acompañan en experiencias tan importantes de tu vida. Por eso, hoy estoy un poco menos alegre que de costumbre, pero pasará. Y me quedaré con lo que me tengo que quedar: el privilegio de haber compartido una pequeña parte de mi vida con gente 'crujidora' y genial. Y saber que la amistad y el cariño son para siempre, sea aquí, allí o donde nos echen.
 
Cheers!