Hay más de 150 millones de blogs en el mundo*. Una razón suficiente para no empezar uno nuevo. Pues bien, haciendo caso omiso de las reglas de la oferta y la demanda, he decidido empezar a escribir estos 'relatos' diarios. Y me enfrento al terror de la hoja en blanco en versión 2.0. Como en todo lo que empiezo, las dudas me asaltan al instante: ¿Aportará algo? ¿Estará bien escrito? ¿Meteré la pata? ¿Seré demasiado vehemente? ¿Lo leerá alguien además de mi familia? En un momento en el que tanta gente parece tener tanto que decir, y tantos medios por los cuales hacerlo, un blog de ideas y vivencias personales puede perderse como una burbuja en un vaso de Coca Cola... Y asusta un poco, para qué negarlo.
Acabo de mudarme a California, concretamente a la bahía de San Francisco. He dejado mi trabajo con la intención de encontrar lo que de verdad quiero hacer con mi vida. Tengo treinta años y a veces pienso que he desperdiciado buenas ocasiones para un futuro profesional prometedor por vivir intensamente los momentos que me hacían feliz. Todavía no sé si eso es bueno o malo. Soy muy inquieta y quizá la culpable sea mi formación periodística, pero lo cierto es que la curiosidad siempre me puede. Sigo sorprendiéndome como una niña, me emociono, me ofusco y me cuesta comprender lo que me supera. Pero lo intento. Me gustan las personas y me gusta escuchar.
Empieza una nueva aventura para mí. Es un reto personal y una apuesta por ofrecer un espacio interesante, con reflexiones pero también con información sobre todas las cuestiones que me hacen pararme y pensar. Y creedme, son muchas.
(* Según datos de State of the Internet, 2011.)